27 de abril de 2015

Próximo reto: ultratrail de 55 km de Lloa

Han pasada muchas cosas en los últimos meses que me han impedido escribir en el blog.  No ha sido falta de tiempo, porque siempre se encuentra la manera cuando estás interesado en algo.  Podría llamarlo falta de enfoque.  Toda mi energía tuve que concentrarla en solucionar problemas laborales y en convertir las crisis en oportunidades.

He estado actualizando y compartiendo algo de información en mi página de Facebook y en mi cuenta de Twitter, pero me siento más cómodo contando mis experiencias en este blog. Así que volveré a postear como en otros tiempos.

Hemos dejado (por el momento) el triatlón y nos estamos dedicando a las carreras a campo traviesa en montaña. Una disciplina dura que te recompensa con increíbles paisajes y momentos muy especiales e íntimos con la naturaleza.

La última aventura fue hace un par de semanas.  Queríamos cubrir los 65 km por la zona del Pululahua, pero por segunda vez nos cortaron la viada.  Las razones las expuse en este post de FB.

A pesar del sabor agridulce con el que nos quedamos después del ultratrail de la Mitad del Mundo (UTMM), hemos seguido entrenando con normalidad.  Los lunes realizamos una sesión de recuperación en la piscina nadando a ritmo aeróbico por cerca de una hora. Los martes los dedicamos a piques de diferentes distancias con tiempos de recuperación y los jueves a subir y bajar cuestas.  El fin de semana es para la larga de tres horas o más.

Ayer decidimos atacar a la temida cuesta del Parque Metropolitano.  Aquella que da a la avenida Simón Bolívar. Teníamos previsto entrenar 3h30 y como el circuito de bajar y subir nos lleva en promedio 40 minutos nos propusimos repetirlo cinco veces.

Arrancamos cerca de las 5h30.  Encendimos nuestras lámparas y nos dirigimos a la zona de ‘penitencia’.  En ese punto sacamos los bastones y ‘a lo que vinimos’. A eso de las 7h00 ya habíamos dado dos vueltas.  La Flaca subía con una facilidad impresionante y sus descensos cada vez eran más rápidos. Nuestro promedio era menor a los 40 minutos por vuelta. 

Empezamos el cuarto ascenso, el penúltimo.  Manteníamos el mismo ritmo, sin embargo en un descuido Ximena desapareció en el horizonte.  Su ritmo era fortísimo.  Llegó al punto más alto y debió esperarme más de tres minutos.  Rompió nuestra marca personal. Ascendió en un tiempazo de 12 minutos.  Lo más rápido que habíamos subido era en 15 minutos.  Y eso no es todo.  Apenas llegué a la cumbre arrancó a toda velocidad para cubir la quinta vuelta.  Logré balbucear algo así como ‘¿tenemos algo de comer?’ para conseguir que se detenga y así recuperarme un poco.


La quinta vuelta la realizamos a buen ritmo, pero fue menos rápida que la anterior.  Terminamos el entrenamiento con mucha satisfacción.  Especialmente la Flaca que sigue demostrando que tiene genes de cabra.

Habíamos tomado la decisión de no volver a correr las competencias de ultratrail que se organizan en el país.  Nuestras dos experiencias (en los 80 km de la North Face y en los 65 Km UTMM) nos indicaron que hay mucha improvisación y que los organizadores de estos eventos no cumplen sus propios reglamentos.

Nos inscribimos en los 50 km de Lloa del 17 de mayo porque indican, a diferencia de las anteriores ultras, que no habrá puertas de cierre:



Si no llegamos o abandonamos será nuestra decisión. No dependeremos de cambios inesperados o modificaciones al reglamento de última hora que buscan solucionar errores de planificación y organización.

El desnivel acumulado de este ultratrail es aceptable.  En 50 km habrá 2 310 m.  En los 65 km UTMM metieron 4 700 m.  Los atletas de élite subieron dramáticamente sus tiempos, y apenas tres de ellos lograron pasar la puerta de 55 km que fue trasladada desde el kilómetro 42 al 55 en plena carrera. Si, subieron 13 km y bajaron en una hora el tiempo.

Les mantendré al tanto de nuestra preparación.

¡Carpe Diem!

Related post