25 de noviembre de 2013

Los 35 km épicos de El Chaupi


Una hora y veinte minutos nos tomó llegar a la reserva ecológica de los Illiniza. A eso de las siete de la mañana estábamos en el parque central de El Chaupi donde apenas nos estacionamos encontramos a ‘los mismos de siempre’, a los amantes de los retos en montaña. La mayoría listos para recorrer la ruta de 20k y unos pocos irresponsables como nosotros para la de 35k.


La mañana estaba muy nublada por lo que la organización decidió esperar, por seguridad, que el día se aclarara. Cerca de las nueve de la mañana partimos felices. Iniciábamos nuestra última competencia en pareja del año. La tercera de montaña. Los 80k de Malchinguí (que fueron 60k), los 35k de Lloa y ahora estábamos internándonos por la zona de los Illiniza para los últimos 35k en montaña.

El primer desafío era enfrentar la cumbre Pucará y los primeros 5,4 kilómetros de ascenso de la competencia. La flaca subía con mucha fuerza pero yo no podía seguir su ritmo constante. Nuevamente se me presentaron los síntomas de hipoxia que me aparecen en la altura y en las aguas heladas de Cuicocha  :-). Por más que busqué respirar con normalidad no lo conseguí. No estábamos tan alto (3 600 msnm) pero mis pulmones solo permitieron el suministro de oxígeno mínimo para moverme. Mi rendimiento se redujo notablemente. Ximena me esperó y me preguntó porqué iba tan lento. “Me falta el aire”, le contesté. Me miró y me dijo que estaba con un color más obscuro de lo normal. Le noté preocupada, pero preferí seguir avanzando, lento, pero avanzando.

La flaca se sincronizó a mi paso y juntos íbamos devorando esos duros kilómetros que se nos presentaban por delante. ¡Como da vueltas la vida! Esas escenas del 2010 en la maratón de Miami se repitieron pero con los papeles intercambiados. 

Coronamos la Pucará y empezamos el descenso rápido hasta cerca del kilómetro diez, para nuevamente empezar a trepar por una empinadísima zona hasta la cumbre Pilongo. Una larga subida que la superamos en completo silencio. Llegamos a la segunda cumbre y nos dirigimos para abajo por un sendero lleno de pajonales. ¡Cómo conejos! diría Santiago Ayala.



Al acercarnos al punto donde los competidores de 20k seguían de largo y los de 35k viraban a la derecha, la flaca me insinuó que deberíamos terminar ahí. Que no es responsable que sigamos bajo esas condiciones. Les contó a los del abasto que voy con el pecho cerrado. En este punto me tomé dos vasos de agua tibia con canela y listo, una sonrisa y ¡a lo que vinimos!

Empezamos un ascenso por el camino que bordea la hermosa cumbre Saquihua. “¡Flaca! … ¡Esa es la última cumbre por coronar!”, grité. Ximena pensaba que ya habíamos pasado todas las cuestas y que estaba bromeando. Pero no, llegamos a la base del cerro, donde había un abasto y una competidora sentada. ¿Qué pasó?, pregunté. “No sigo más”, “mira lo que hay que escalar”, “hasta aquí llegué”.  Tomamos algo de líquido y le invitamos a que nos acompañe. “Mira la neblina”, “es muy peligroso”, “no gracias”.

Levantamos la vista y observamos una ruta marcada  que se estaba cubriendo por la neblina. Los del abasto hicieron su último intento y nos invitaron a subir a la furgoneta para llevarnos a El Chaupi. La flaca me miró para ver si aceptaba la invitación. Era imposible que después de haber cubierto 30 km abandonáramos la competencia. Sonreímos y emprendimos la escalada.  No habíamos recorrido 20 metros cuando observamos que un competidor regresaba apresurado. “Está durísmo”, “abandono”. Le pido que nos acompañe, pero decide ir hacia la furgoneta.


¡Qué bestia! ¡Qué subida!. Me he reído mucho con la descripción que realizó Santiago Ayala en su página de facebook “Fue un intento de homicidio en masa. No hay palabras para describir lo duro que fue…”. Seguramente se refería a estos últimos kilómetros. A los que conocen la famosa “Penitente” del parque Metropolitano les digo que tenía una inclinación mayor y multiplicada por cinco en distancia.

Lo más increíble sucedió cuando ya llegábamos a la cima. ¡Vamos Rubi! ¡Ya falta poco!. El que gritaba era Santiago Gross, organizador de esta espectacular competencia. Nos estaba esperando para guiarnos hasta la cumbre. El responsable del evento estaba como cabra entre los pajonales velando que los últimos competidores no vayan a perderse. Al igual que en los 35k de Lloa, donde nos abasteció hasta el final, ahí estaba Santiago con una enorme sonrisa alentándonos a continuar ¡Grande Santiago! ¡Muchas gracias!

El descenso fue duro, pero pasó rápido por la motivación de estar a pocos kilómetros de la meta.  Entramos a El Chaupi, y por supuesto nos esperaban con fruta, flores y nuestras medallas. Lo logramos a pesar de los inconvenientes. ¡Que satisfacción poder contarles en este blog que cubrimos estos durísmos 35k!

Termino con lo que Ximena comentaba mientras regresábamos a Quito. “Una ve las montañas y las cumbres y se imagina subiéndolas y bajándolas, pero como un sueño, nada más. Pero este tipo de carreras nos permiten hacer lo imposible y alcanzar esos sueños”.

¡Carpe diem!


23 de noviembre de 2013

Desafio Ziró en montaña: 35 km El Chaupi

Mañana estaremos en las faldas de los Illiniza para cumplir la segunda etapa de 35 km de El Desafío Ziró Run Series La Cumbre.

Los 35k de Lloa estuvieron duros, y según como llaman los organizadores a esta segunda etapa, los 35k de El Chaupi serán épicos. El sitio que entrega los geodatos la califica como 'difícil'.

  • Se desarrollará entre 3 336 msn y 3 831 msnm.
  • Habrá 1 618 m de desnivel positivo y 1 618 de desnivel negativo.
  • Ni bien empezamos (a 3 336 msn) deberemos trepar cerca de seis kilómetros hasta llegar a 3 700 msn.
  • Luego viene un descenso pronunciado. En un poco más de un kilómetro bajamos 282 msnm.
  • La segunda cuesta tiene alrededor de 5 km, pero su pendiente es mayor.  Al final se distingue una ‘pared’ que culmina en el punto más alto del circuito … 3 831 msn.
  • Durante 1 500 m bajamos y vovemos a trepar estos picos, para volver a descender durante 2,5 km. En este punto se ve unos ‘piquitos’ que pondrán a prueba nuestras rodillas.
  • Después de 18 km enfrentaremos una tercera cumbre. Otro par de kilómetros de subida hasta los 3 800 msnn … 227 m de desnivel positivo.
  • Desde el kilómetro 21 nos vamos para abajo. La pendiente finaliza en el km 26 y se vuelve a trepar 3 km más.
  • A seis kilómetros de la meta debemos subir y bajar una cumbre ‘tecnica’. Según el mapa, en 200 m debemos trepar de los 3 500 msnm a 3 780 msn.
  • En el km 31, parece que nos toparemos con un primer despeñadero. Se le ve como una grada gigante cuyo escalón superior está a 3 700 msn, y el inferior a 3 490 msnm. En 100 m debemos descender más de 210 msn ¡Ayayay!
  • El segundo despeñadero aparece a 1,5k de la meta.
El recorrido está ‘divertidísmo’. 


¡Carpe diem!

21 de octubre de 2013

Entrenamiento de montaña en el teleférico quiteño


Cuestas y trotes de 15k son las actividades deportivas que realizamos en los días laborables. En fin de semana buscamos entrenar en montaña.

Ayer fuimos nuevamente al parqueadero del teleférico, desde donde partimos montaña arriba. El objetivo fue llegar a la estación a 4 100 msnm y avanzar hasta completar tres horas en la ruta al Rucu Pichincha para después descender en una de las canastas colgantes.

Luna quiteña sobre el Pichincha | Foto de Christian Espinosa
El día estuvo hermoso. La foto de Christian lo demuestra. Así que alrededor de las siete horas arrancamos la jornada.  Subimos a buen paso, pero hay días en los que la adaptación a la altura se me vuelve complicada. A diferencia de la Flaca que subía con fuerza, mis pulsaciones se treparon y la respiración se dificultó. Debí acudir a varias estrategias para conseguir alguna parada para recuperarme: "¡momento de hidratación¡", "¡qué paisaje! ¡momento fotográfico!", "hora de comer algo", en fin, cualquier cosa que detuviera a mi compañera de entrenamiento para conseguir respirar mejor.

Resultado de esas paradas son las fotos de abajo.  Nos tomó dos horas pasar las antenas y llegar a la estación superior del teleférico. Pero algo extraño sucedía. Las canastas que en general empiezan a moverse a las 8h00, seguían inmóviles. Un cortocircuito en la tarde del sábado había sacado de operación a todo el sistema.  Arriba solo estaba el empleado que nos dio la información y nosotros. Así que no nos quedó más alternativa que emprender nuestro retorno montaña abajo.

Lindo entrenamiento que terminó con unas deliciosas costillas asadas en la casa de nuestro amigo Marco, donde recuperamos todas las calorías gastadas en nuestra sesión dominguera.

¡Carpe Diem!









6 de octubre de 2013

Rucu Pichincha | Primer intento

Continuamos con nuestro entrenamiento para los 35 km en El ChaupiEsta semana realizamos dos sesiones de cuestas y dos trotes de 14 km. 

En la mañana subimos por El Teleférico con los dos chicos de la casa. El objetivo era partir desde los 4 000 msnm y  llegar lo más cerca de la cima del Rucu Pichincha.

El accidente de un turista argentino que iba por delante asustó a nuestros pequeños. Para llegar al arenal hay un camino corto por rocas. El señor superaba los 60 años pero se le veía muy fuerte.  Escaló, pero de pronto perdió el equilibrio y rodó unos cinco metros. Pensamos lo peor, pero se recuperó después de unos minutos. ¡Si era fuerte!

Esperamos un poco y seguimos unos cuantos metros, pero al ver más roca decidimos dar por terminada la aventura y emprender el regreso.

Ya reconocimos esta nueva ruta y muy pronto retornaremos para coronar esta hermosa montaña.











28 de septiembre de 2013

Por la ruta a campo traviesa de El Teleférico


Seguimos preparándonos para las competencias de trail. El próximo reto será los 35k Ziró en El Chaupi (24 de noviembre de 2013), por las faldas de los Ilinizas.  

En esta semana hemos realizado tres sesiones aeróbicas de 12k y una de fuerza anaeróbica: dos series de 6 cuestas de 300 m el día miércoles.

Hoy queríamos ir al Ruco Pichincha, pero como llegamos antes que las canastas de El Teléferico inicien su servicio optamos por trepar a campo traviesa. Fue un buen entrenamiento de casi 1 000 m de desnivel positivo. Pero lo más agradable fue que nos acompañó Pedro, quien a pesar de su corta edad logró ascender y descender sin mayores problemas. 

Fueron 2h30 divertidas que las documenté con las siguientes imágenes:














Y ahora para abajo...




¡Carpe Diem!