18 de diciembre de 2011

¿Qué hacer cuando la persona que queremos no nos quiere?



Desde pequeños, los niños tienen que resistirse a la tristeza y a las lecciones frustrantes de que otros niños no quieren jugar con ellos. Puede que no sean invitados a la fiesta de cumpleaños de un compañero de su clase y que no le agraden al niño que admiran.


Mientras crecemos, seguimos aprendiendo está dura lección. Puede que no tengamos una tarjeta de San Valentín en el cajón de nuestro velador de la persona que esperábamos nos enviara su amor. O que la persona por la que suspiramos no esté dispuesta a jugar, romántica o sexualmente, de la manera que queremos. O que el beso que ofrezcamos llegue a una mejilla en lugar de a los labios - o peor, que recibamos una poca elegante despedida. O es posible que seamos escogidos por alguien más que no puede alcanzarnos, aunque queremos que nos llene de besos y sueños, o con un domingo mundano de lavada de ropa y roce de pies. La lista crece: puede que no, como dice el libro o la película, esté tan dentro de ti. Puede que te quiera como amigo. Solo te quiera como alguien a quien llamar y no como un compañero sentimental. Solo te quiere siempre y cuando hagas X, Y o Z.

Estos momentos de amor o lujuria no recíprocos pueden ser duros. Se puede sentir una tristeza desgarradora, confusa, desnuda y vulnerable. Son una dura realidad de falta de fraternidad y separación. A veces la persona con la que más se quiere estar - para amar, tocar, besar, bañar - no quiere participar en nuestro juego. A veces inclusive es más difícil: pueden que ni siquiera deseen hablar nosotros.

No podemos controlar lo que otras personas deciden hacer con sus vidas. No solo que no podemos controlar sino que a veces la respuesta más compasiva es reconocer que lo que sea que escoja la otra persona es quizás lo mejor para ella en ese momento. Quizás no está tratando de ser cruel. Talvez esa persona se conoce tan bien que decidió que no puede verle a los ojos, aceptar sus llamadas o llevarle a casa nunca más. A veces la gente no participará en nuestros juegos y tenemos que aceptarlo, especialmente si eso ayuda a que esa gente pueda continuar con su vida.


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