18 de septiembre de 2012

¿Le molestan las opiniones de los demás?

Do Other People’s Opinions Bother You? | Om Swami


La vida es como un péndulo. Oscila entre lo positivo y lo negativo, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo equivocado, lo verdadero y lo falso, altos y bajos, grueso y delgado, y un montón de dualidades. Sin embargo, todo eso es subjetivo. No puede afectarle a menos que usted lo permita. Permítame narrarle una pequeña historia:

Había una vez un monje. Practicó por años meditación, contemplación y tolerancia, pero no podía conseguir la iluminación. Todavía se sentía perturbado por el mundo que le rodeaba, especialmente cuando la gente no se daba cuenta de su santidad o no estaba de acuerdo con él sobre lo que consideraba era la verdad. Se sentía mal cuando la gente le maltrataba, y bien cuando le trataba bien. Quería estar en un nivel superior, permanecer indiferente ante tantas ofertas mundanas, pero no podía.

Un día se acercó a su gurú y le confesó su inquietud y confusión interna. Su maestro le escuchó pacientemente y le dio una clave y las direcciones para una cierta habitación.

"Anda y medita allí por tres días sin moverte. Deja la puerta abierta y mantén silencio. La verdad se te presentará," le instruyó el maestro.

Obedeció a su maestro y fue al lugar a meditar. Muy a su pesar, era una mercado, cerca a un concurrido vestíbulo, en el centro de una ciudad poblada. Estaba escéptico de poder meditar en búsqueda de la calma interior en un lugar tan ruidoso. No obstante, procedió. Tan pronto como quitó el seguro de la puerta, un nauseabundo hedor lo recibió. Muy pronto descubrió que había un baño justo sobre su habitación. Por un momento se sintió enojado con su gurú. Luego pensó que el gurú debía tener una razón.

El cuarto estaba sucio, sin ventanas y cerrado como una alacena abandonada. Había filtraciones en las paredes y el piso estaba húmedo. El desagüe de arriba estaba goteando. Asumió la posición de loto e inició su meditación. De vez en cuando, escuchaba el sonido del vaciado del baño. Comprendió que estaba meditando debajo de un baño público. Su inquietud solo se incrementó.

Millones de preocupaciones le sepultaban. Le preocupaba si el drenaje colapsaba, si la gente que pasaba le hablaba, como sabría que pasaron las 72 horas, si se desmayaría por el hedor, si alguien interrumpiría su meditación, etc..

Al tercer día, cuando estaba abrumado con esa clase de pensamientos, la tubería reventó y toda la materia fecal cayó sobre su cabeza. Antes de saber que hacer, aparecieron dos hombres.

"¿Quién es este hombre?" preguntó disgustado uno al ver al monje manchado de excremento.

"¡Dios sepa! Algunos dicen que es un hombre santo y otros dicen que está lleno de mierda."

Apenas escuchó eso, el monje se sintió iluminado. Comprendió que el mundo solo puede tener una de esas dos opiniones acerca de él y que todos están atados a tener alguna opinión. En esencia, ninguna de las opiniones en realidad importan a menos que usted lo permita. No le pueden afectar o molestar, a menos que usted las acepte. No se pueden multiplicar a menos que las responda. Esas opiniones no son eternas a menos que usted reaccione ante ellas. No tienen significado intrínseco a menos que usted las contemple. No pueden cambiarle a menos que usted las cultive.

Todos los que le conocen van a tener una opinión sobre usted. Muchos que no tienen ni idea sobre usted son propensos a tener inclusive una opinión más fuerte acerca suyo. Aquellos con los que se reúne forman lo que sienten basados en la experiencia de ellos. Y muchos que nunca se han reunido con usted, forman la suya en base a la opinión de otros. Esa es la naturaleza de este mundo material. Las más grandes democracias, religiones, sectas y cultos se basan en este principio. Todos tienen el derecho de tener una opinión. Y usted tiene el derecho de aceptar, rechazar o ignorarla. Es su elección la que afecta su estado de felicidad.

Si empieza a escucharse a usted mismo, cuando su voz interior encuentra una audiencia en usted, las externas importan menos y menos. Cuando, como le ven el resto deja de molestarle, una manta de paz se tiende y le protege. Y aquel que está en paz está, sin duda, feliz. La felicidad es el resultado de sus acciones, físicas y mentales.

Cuando otros tratan de descargar su negatividad y opiniones sobre usted, usted tiene una elección, una opción para rechazar, descartar o dejarla ir. Si la deja ir, permanecerá en paz; su estado de dicha permanecerá inalterable. Sepa cuando, que y donde quedarse versus irse. Ese conocimiento se consigue con la práctica, con la conciencia. Se trata de actitud y perspectiva.

¡Adelante! No deje que las circunstancias o la gente le digan la manera como sentirse acerca de usted mismo.




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