25 de septiembre de 2011

La toma de decisiones agota nuestra fuerza de voluntad


Artículo orginal: Do You Suffer From Decision Fatigue? (John Tierney | NYTimes)

… No tenemos manera de saber como nuestros antepasados ejercitaban autocontrol en los días anteriores al BlackBerry y los sicólogos sociales, pero parece que muchos de ellos tenían menos consumo de energía para esta actividad. Cuando hay pocas decisiones que tomar, existe menos agotamiento por elegir. En la actualidad nos sentimos saturados porque existen muchas elecciones. Su cuerpo podría reportarse al trabajo a tiempo, pero su mente puede escapar en cualquier instante. Un usuario típico de computadora ve al menos tres docenas de portales de internet al día y se agota por la permanente toma de decisiones —ya sea mantenerse trabajando en el proyecto, seguir un enlace de YouTube o comprar algo en Amazon. Puede tener daño suficiente en 10 minutos en línea realizando compras por internet y destrozando su presupuesto para el resto del año.



El efecto acumulativo de estas tentaciones y decisiones no son intuitivamente obvias. Virtualmente nadie tiene una sensación de cuan cansado está de decidir. Grandes decisiones, pequeñas decisiones, todo suma. Escoger que se desayuna, donde ir de vacaciones, a quien contratar, cuanto gastar —todo esto vacía la fuerza de voluntad, y no existe un síntoma evidente de que la fuerza de voluntad está baja. No es como cuando se topa la pared en un maratón. El agotamiento del ego no se manifiesta como un sentimiento sino como una propensión para experimentar algo de manera más intensa. Cuando la energía reguladora del cerebro se debilita, las frustraciones parecen más irritantes que lo usual. Los impulsos para comer, beber, gastar y decir cosas estúpidas se sienten con más potencia (y el alcohol causa que el autocontrol disminuya más). Como esos perros del experimento, los seres humanos vaciados de ego son más propensos a involucrarse en peleas y conflictos innecesarios. Al tomar decisiones, toman atajos ilógicos y tienden a favorecer las ganancias de corto plazo y costos retardados. Están más inclinados a elegir la opción más segura y fácil aunque esa decisión hiera a alguien más.

“La buena toma de decisiones no es un rasgo de la persona, en el sentido que siempre está ahí,” dice Baumesiter, el científico entrevistado por NYT. “Es un estado que fluctúa.” Sus estudios demuestran que las personas con mejor auto-control son aquellas que estructuran sus vidas para conservar su fuerza de voluntad. No agendan interminables reuniones consecutivas. Evitan tentaciones como buffets “coma lo que pueda” y establecen hábitos que eliminan el esfuerzo mental para tomar decisiones. En lugar de decidir cada mañana si deben o no forzarse a realizar ejercicios, establecen entrenamientos regulares con amigos. En  lugar de depender de su fuerza de voluntad para permanecer fuertes todo el día, la conservan para que esté disponible para emergencias y decisiones importantes.

“Inclusive las personas más sabias no toman buenas decisiones cuando no están descansadas y su nivel de glucosa está bajo,” apunta Baumeister. Es por eso que de manera inteligente no reestructuran la compañía a las 16h00. No realizan grandes compromisos en la hora del cocktail. Y si se debe tomar una decisión al final del día, saben que no deben hacerla con el estómago vacío. “Los mejores tomadores de decisiones,” dice Baumeister, “son los que saben cuando no confiar en ellos mismos."


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