8 de noviembre de 2008

Corredores y conductores no siempre se llevan bien


Artículo original:  Road Runner Rage  (Christopher Percy Collier/NY Times)


Jean Knaack no pudo controlarlo.  Mientras realizaba su trote de seis millas cerca de su casa en Maryland, levantó su botella y tiró todo su contenido a la ventana de un carro.


La Sra. Knaack, corredora de 115 libras, había estado trotando a un lado del camino cuando un vehículo estuvo a pocas pulgadas de golpearla.  El conductor salía ciegamente de un parqueadero y la Sra. Knaak respondió con el agresivo chorro y un par de comentarios explícitos.


No anticipó lo que pasaría después.


El conductor siguió y dio la vuelta en una intersección, salió del auto y la confrontó.  En medio de una serie de blasfemias, el motorista amenazó con golpearle con una botella de cerveza.  "El hecho fue tan específico que realmente me asustó", dijo.  "Mi ritmo cardiaco subió rápidamente.  Sentí que me moría".


Aunque la Sra. Knaak era una corredora de temporada –es la directora ejecutiva del Road Runners Club of America – y es conocedora sobre las técnicas apropiadas de entrenamiento y la nutrición, nunca recibió instrucciones sobre que hacer cuando se tope con un chofer agresivo mientras corre.  Y eso se debe a que no existen esas instrucciones.


Mientras el conflicto entre los ciclistas y los motoristas ha tenido algo de atención últimamente, la adversidad ha tenido larga existencia entre los corredores y los choferes "en un bajo perfil", dice Brent Ayer, el entrenador de atletismo del Hood College en Frederick, Md., quien, años atrás, fue impactado por una dona con mermelada mientras corría.


No siempre es falla del conductor.  "Veo corredores que cortan a través de las intersecciones, cruzan en la mitad de la calle y se abalanzan a los carros", dice el Sr. Ayer.  "No somos totalmente inocentes".


Se estima que hay 41 millones de corredores estadounidenses, de acuerdo a la Sporting Goods Manufacturers Association, y los caminos públicos son con frecuencia su mejor opción.  Los caminos por los bosques aislan a los corredores y las caminadoras son consideradas herramientas de entrenamientos pobres si se las usa exclusivamente para la preparación de una competencia en asfalto.  Correr en pista es aburrido.


Pero la cosa de los caminos, por supuesto, es que tienen automóviles, manejados, presumiblemente, por cualquiera de los más de 202 millones de choferes licenciados del país.  Y la mayoría de los corredores no tienen la buena suerte de participar en competencias como la New York City Marathon, donde los policías restringen el paso de los carros.


Las típicas protestas de los corredores son acerca de lo rápido que manejan o de no prestar suficiente atención.  Donna Kidder de Raleigh, N.C se perturba particularmente con "los motoristas que conversan por celular y descuidan sus alrededores o de los conductores con sus manos en posición 2 y 10 en el volante, con sus ojos enfocados directamente hacia el frente, pensando que conducen de manera segura, cuando de hecho, nunca observan lo que pasa a su alrededor".


Otros corredores ven la causa de muchos de los conflictos en un sistema defectuoso – o quizás en una simple falta de cuidado.  "Los corredores son desafiados a correr en el lado izquierdo del camino, en contravía", dice Sue Davis, un maratonista que  registró cientos de millas en Connecticut como un miembro del Stony Corners Running Team, "pero cerca del 90% del tiempo los conductores que curvan a su derecha no se preocupan de mirar a la derecha.  No puedo contar cuantas veces tuvimos conductores pasando casi por encima de nuestro grupo de corredores".


Los choferes usan sus bocinas. Los corredores les gritan.  Ocasionalmente acompañados de gestos obscenos.  Usualmente termina ahí.  Pero hay ocasiones en la que estos altercados menores se escalan.


En julio, un trotador ejercitándose en Stuart, Fla., fue golpeado por un chofer que manejaba una van.  El chofer luego, por razones desconocidas, procedió a perseguir al corredor, según el parte policial, sosteniendo un objeto extraño.


En septiembre, un corredor en Annapolis, Md., fue golpeado por un motorista, lo que ocasionó gritos y golpes.


Oficiales de policía respondieron a un incidente en abril en Morris Plains, N.J., que se inició cuando un chofer ingresó al camino cebra y bloqueó el cpaso de un corredor.  El corredor respondió con un golpe de puño en el capó del carro, lo que causó que el chofer intentara aplastarlo en contra de un carro parqueado.  El corredor le lanzó su iPod – momento en el cual el motorista sacó un palo de golf.


Es un hecho fisiológico que los niveles de adrenalina aumentan durante el ejercicio.  Pero hay poca investigación que indique que este estado elevado predisponga a los atletas a reacciones agresivas si son provocados.  Cedric Bryant, del American Council on Exercise con un Ph.D. en fisiología, insinúa que es improbable.  Después de todo, "los individuos están escogiendo entre pelear o volar", dice.


Lo que es más,  Steven Stosny de Germantown, Md.,  que desarrolló un curso en conflictos callejeros usado para rehabilitar criminales, ve una potencial trampa para los corredores que guardan la idea equivocada de que el ejercicio genera ira.


"Esta bien correr como una manera de ganar energía extra, pero no le llevará a lado alguno el rencor", dice el Dr. Stosny.  "Todavía tendrá estos sentimientos negativos y no sentirá menos ira".


"Si un evento detestable sucede y ya está 60% elevado, puede terminar lanzando algo al conductor", dice el Dr. Stony.  "Lo que debería  estar pensando es en lo saludable que es correr".


Este consejo puede ser útil cuando esté o no ejercitándose.  ¿Pero qué debe hacer un corredor cuando inesperadamente es topado por un conductor ?  "La respuesta inmediata es neutral",  dice el Dr. Stosny. "Limpiar sus pensamientos y percepciones.  Entrenamos gente para verlo como una cafetería gratuita. Ya está lleno de adrenalina, con más energía, correrá de manera más eficiente."


Kay Porter, un sicólogo deportivo y corredor que ha trabajado con atletas olímpicos de EEUU, sugirió que toda disputa callejera enciende casi un instantáneo mecanismo de defensa.  "El miedo es una respuesta muy vulnerable y la gente no quiere sentirse vulnerable, así que es convertido en ira", dice el Dr. Porter.  "Y, como un corredor, en general, está totalmente vulnerable".


El Dr. Stosny notó el movimiento de cabezas de los corredores y de los conductores porque ambos piensan "es mi calle".


Cambiar esta mentalidad, para la mayoría de los corredores, simplemente requiere el reconocer el derecho de ambas partes para usar los caminos públicos.  "Tiene que recordar que el conductor es otra persona", dice el Dr. Sosny, lo que es a veces olvidado por la naturaleza cerrada de la mayoría de los vehículos.


Naturalmente, los choferes tienen una perspectiva diferente a la de los corredores.  Bonnie Sesolak, director de desarrollo con la National Motorists Association, un grupo para los derechos de los conductores basado en Madison, Wis., con 7 500 miembros, recuerda algunas llamadas que ella tuvo mientras conducía al trabajo en caminos rurales antes de que salga el sol.


"Los corredores a veces son difíciles de ver", dice, "especialmente si no usan ropa que brille".


También notó que es frecuente que el conductor sea criticado cuando hay algún daño físico, aunque sea el corredor el que no estuvo atento debido al uso de auriculares o algún otro tipo de distracción.  "Cuando pasa un accidente, se ve como culpable al chofer", dice.  Los corredores "deben reconocer que su seguridad personal es su responsabilidad", dice.


Por supuesto, hay ocasiones cuando los corredores se topan con conductores simpáticos.


En día de enero, el Sr. Ayer del Hood College salió a lo que pensaba sería una jornada de una hora de trote.  Estaba con ropa deportiva y se percató que se había perdido.


"Estaba deambulando en la oscura noche, a punto de la hipotermia".  De pronto, vio las luces de un conductor que se aproximaba. Angustiado, le hizo señales para que pare.  No hubo una justa verbal o una disputa física. Simplemente ofrecieron llevarle a casa.

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