4 de mayo de 2008

¿Quiere recordar todo lo que aprenderá? Ríndase a este algoritmo


Artículo original: Want to Remember Everything You'll Ever Learn? Surrender to This Algorithm

El sol de invierno se pone en la mitad de la tarde en Kolobrzeg, Polonia, pero el crepúsculo temprano no disuade a la gente de tomar su paseo regular en exteriores. Atados en parkas con capuchas con ribetes de piel, paseando a lo largo de la orilla del Mar Báltico, turistas alemanes fuera de temporada se quedan con la boca abierta cuando ven a un hombre alto, bien formado, prácticamente desnudo corriendo para arriba y para abajo en la arena.

"¿Kalt?¿Kalt?" le llama uno de ellos. El hombre da un respuesta política pero vaga, luego da la vuelta y se sumerge en las olas. Después de nadar para atrás y para adelante en el el agua de 40 grados por algunos minutos, surge de las olas y trota brevemente a lo largo de la playa. El viento está fuerte, pero el hombre no realiza movimiento alguno para vestirse. Passersby continúa comentando y observando. "Esta es una de las razones por las que prefiero el anonimato," me dice en inglés. "Realiza algo ligeramente fuera de lo ordinario y causa sensación."

La búsqueda de Piotr Wozniak por el anonimato ha sido existosa. Nadie a lo largo de este hilo de lugares vacacionales de la pequeña playa lo reconoce como el inventor de la técnica que convierte a la gente en genios. Una porción de esta técnica, plasmada en un programa de software llamada SuperMemo tiene usuarios entusiastas por todo el mundo. Lo aplican principalmente para aprender idiomas, y es popular entre la gente para quien la fluidez es una necesidad – estudiantes polacos o de otros países pobres que buscan calificar bien en los exámenes de inglés para poder estudiar en el exterior. Un gran número de ellos no paga por él, y las copias piratas son ubicuas en los boletines chinos de software.

SuperMemo está basado en el criterio de que existe un momento ideal para practicar lo que ha aprendido. Practique demasiado pronto y perderá su tiempo. Practique demasiado tarde y habrá olvidado el material y tendrá que volverlo a aprender. El momento correcto para practicar es justo aquel en el que está a punto de olvidarlo. Desafortunadamente, este momento es diferente para cada persona y para cada pedazo de información. Imagine una pila de miles de tarjetas flash. En algún lugar de esa pila están aquellas que debería estar practicando en este momento ¿Cuáles son? Afortunadamente, el olvido humano sigue un patrón. Olvidamos de manera exponencial. Un gráfico de nuestra probabilidad para obtener la respuesta correcta en una prueba baja rápidamente en el transcurso del tiempo y luego se nivela. Este patrón ha sido conocido largamente por la sicología del conocimiento, pero ha sido difícil ponerlo en práctica. Es demasiado complejo para nosotros emplearlo con nuestros cerebros desnudos.

Hace 20 años, Wozniak se dio cuenta que las computadoras podrían calcular con facilidad el momento del olvido si lograba descubrir el algoritmo correcto. El resultado de su investigación es SuperMemo. Predice el estado futuro de la memoria de una persona y programa el horario para las revisiones de información en un tiempo óptimo. El efecto es destacable. Los usuarios pueden meter inmensas cantidades de vocabulario en sus cerebros. Pero para Wozniak, 46, ayudar a la gente a aprender rápidamente idiomas extranjeros es apenas la parte más pequeña de su objetivo. Así como planeamos los días, semanas, e inclusive años de nuestras vidas, nos pide no confiar únicamente en nuestras fuentes tradicionales de auto-conocimiento –introspección, intuición y pensamiento consciente – sino en algo nuevo: predicciones sobre nosotros mismos codificados en máquinas.

Dada la oportunidad para observar nuestros comportamientos, las computadoras pueden correr simulaciones, modelar versiones diferentes de nuestro camino a través del mundo. Mediante la sintonía de estos modelos para un rendimiento máximo, los computadores nos darán reglas para vivir. Serán capaces de decirno cuando levantarnos, dormir, aprender y hacer ejercicio; nos sugerirán recordar lo que hemos leído, nos ayudarán a seguirle la pista a aquellos con los que nos hemos reunido y a recordar nuestras metas. Las computadoras, en el esquema de Wozniak, incrementarán su capacidad intelectual y ampliarán su auto-control racional.

La razón por la que el inventor del SuperMemo busca extremo anonimato, pidiéndome ocultar su localización exacta y rechazando cualquier reconocimiento casual por los usuarios de su software, no es por que sea paranoico o un misántropo sino porque quiere evitar interrupciones aleatorias a un experimento que realiza desde hace mucho tiempo que el mismo lo está realizando. Wozniak es una especie de hombre algoritmo. Está explorando como es vivir en estricta obediencia a la razón. En un principio, parece ser una de las personas más felices que he conocido.

A finales de 1800, un científico alemán llamado Hermann Ebbinghaus realizó una lista de sílabas sin sentido y midió cuanto tiempo se demoraba en olvidarlas y volverlas a aprender. (A continuación un ejemplo del tipo de lista que usaba: bes dek fel gup huf jeik mek meun pon daus dor gim ke4k be4p bCn hes.) En experimentos de rigor y tedio impresionantes, Ebbinghaus practicó y recitó de memoria 2,5 sílabas sílabas sin sentido por segundo, luego descansó un poco y empezó otra vez. Manteniendo un ritmo atlético de rutina mental que todos los estudiantes de la conjugación de verbos extranjeros envidiarían. Ebbinghaus entrenó de esta forma por más de un año. Luego, para demostrar que los resultados que estaba obteniendo no fueron un accidente, repitió el juego completo de experimentos tres años después. Finalmente, en 1885, publicó una monografía llamada Memory: A Contribution to Experimental Psychology (Memoria: Una Contribución a la Sicología Experimental). El libro se convirtió en el clásico fundador de una nueva disciplina. Ebbinghaus descubrió varias regularidades tipo leyes de la vida mental. Fue el primero en dibujar una curva de aprendizaje. Entre sus observaciones originales fue la contabilidad de un fenómeno extraño que conduciría a sus sucesores del siguiente siglo: el efecto espacial.

Ebbinghaus demostró que es posible mejorar dramáticamente el aprendizaje a través del espaciamiento correcto entre las sesiones de práctica. En un primer nivel, es trivial; se advierte a todos los estudiantes a no atiborrarse. Pero las eficiencias creadas por el espacio preciso son tan grandes y la mejora en el desempeño tan previsible que desde el mismo momento en el que Ebbinghaus describió el efecto espacial, los sicólogos han estado exhortando a los educadores a usarlo para acelerar el progreso humano. Después de todo, hay una tremenda cantidad de material que podríamos querer saber. El tiempo es corto.

SuperMemo es un programa que lleva los registros de pedazos discretos de información que usted ha aprendido y que desea retener. Por ejemplo, supongamos que está estudiando español. Su oportunidad de recordar una palabra determinada cuando la necesite declina en el tiempo de acuerdo a un patrón predecible. SuperMemo sigue la pista a esta llamada curva del olvido y le recuerda ensayar su conocimiento cuando su oportunidad de recuerdo ha disminuido, digamos, en un 90 por ciento. Cuando aprende por primera vez una nueva palabra del vocabulario, su oportunidad de recordarla cae rápidamente. Pero después que SuperMemo le recuerda esa palabra, la tasa de los niveles de olvido se nivela. El programa registra esta nueva declinación y espera más tiempo para realizarle una prueba la siguiente vez.

Sin embargo esta técnica nunca fue captada. El efecto espacial es "uno de los fenómenos más notables del aprendizaje que han salido de la investigación en laboratorio," escribió en 1988 el sicólogo Frank Dempster en American Psychologist bajo el título "El EfectoEspacial: Un caso de estudio para Aplicar a los Resultados de la Investigación Sicológica". El tono penoso con que escribió este artículo no es difícil de explicar ¿Cómo se sentirían los científicos de la computación si la gente continuaría utilizando reglas de cálculo para los cómputos de ingeniería? ¿Qué tal si, después de siglos de invenciones de lentes, la gente todavía estaría manejando la miopía sosteniendo cosas cerca de sus ojos? Los sicólogos que estudiaron el efecto espacial pensaron que tenían la solución a un problema que había frustrado a la humanidad desde antes del lenguaje escrito: como recordar lo que se había aprendido. Pero en lugar de eso, el efecto espacial se convirtió en un recordatorio de la impotencia de la sicología de laboratorio.

Como estudiante de la Universidad Tecnológica de Poznan en Polonia occidental en los años 1980, Wozniak estaba abrumado por el aplastante número de cosas que esperaba aprender. No podía entender que dentro de pocos meses de terminar las clases, solamente una fracción del conocimiento que había tan penosamente adquirido quedaba en su cabeza. Wozniak desconocía totalmente del efecto espacial, pero si sabía que los métodos que tenía a la mano no funcionaban.

El reto más importante era el idioma inglés. Wozniak rehusaba a estar satisfecho con el inglés quebrado y aprendido a medias con el que tenían que lidiar otra clase de estudiantes listos. Así que se creó una base de datos análoga, con cada entrada consistiendo de una pregunta y una respuesta en un pedazo de papel. Cada vez que revisaba una palabra, frase o hecho, meticulosamente anotaba la fecha y la marcaba si la había olvidado. Al final de la sesión, llevaba la cuenta el número de items recordados y olvidados. Por el 1984, un siglo después que Ebbinghaus terminó su segunda serie de experimentos con sílabas sin sentido, la base de datos de Wozniak contenía 3.000 palabras y frases en inglés y 1.400 hechos seleccionados de biología, cada uno con una historia de repetición completa. Ahora estaba preparado para contestarse una importante pregunta: ¿cuánto tiempo necesita para convertirse en un maestro en las cosas que quería saber?

La respuesta: demasiado. De hecho, la respuesta era peor que demasiado tiempo. De acuerdo a los primeros cálculos de Wozniak, el éxito era imposible. El problema no era el aprendizaje del material; era su retención. Encontró que el 40% de su vocabulario de inglés se había desvanecido en el tiempo. El sesenta por ciento de sus respuestas de biología se habían evaporado. Usando cálculos simples, descubrió que con su método de estudio, requería dos horas de práctica diaria para aprender y retener un vocabulario modesto de inglés de 15.000 palabras. Para 30.000 palabras, Wozniak necesitaría el doble del tiempo. No era práctico.

Los desalentadores números de Wozniak eran más o menos consistentes con los resultados que Ebbinghaus había registrado y que habían sido confirmados por otros sicólogos en las décadas siguientes. Si los estudiantes no obstante llegan a convertirse en expertos en algunas de las cosas que estudian, no es porque retienen el material de sus lecciones sino porque se especializan en un subcampo relativamente pequeño en donde la práctica intensa mantiene su memoria fresca. Cuando se relaciona con el idioma, la sabiduría recibida es que la inmersión –usualmente equivalente a la actual inmigración – es lo que se necesita para conseguir fluidez. Por un lado, este es un consejo útil. Por el otro lado, es un tremendo comentario sobre el valor de las incontables horas de clase. Aprender las cosas es fácil. Pero recordarlas – ahí es cuando aparece cierta desesperanza.

Como Wozniak escribió después al describir la falla de su primer sistema de aprendizaje: "El proceso de incrementar el tamaño de mi base de datos gradualmente progresó al costo de la retención del conocimiento." En otras palabras, a medida que su lista creció, así lo hizo su olvido. Estaba ascendiendo una montaña de grava floja y haciendo menos y menos progreso en cada paso.

El problema de olvidar no debería atormentarnos mucho sino nos podríamos convencer que recordar no es importante. Quizás las cosas que aprendemos – palabras, fechas, fórmulas, detalles históricas y biográficos – en realidad no importan. Los hechos pueden ser vistos. Para eso sirve el Internet. Cuando se trata de aprender, lo que realmente importa es como se juntan las cosas. Somos maestros en las historias, los esquemas, las estructuras, los paradigmas; ensayamos la jerga; nadamos en el conocimiento.

La desventaja de esta noción incómoda es que es falsa. "La gente que critica la memorización – ¿cuan feliz estarían en deletrear cada letra de cada palabra que leen? pregunta Robert Bjork, director del departamento de sicología de la UCLA y uno de los más eminentes investigadores de la memoria. Después de todo, anota Bjork, los niños aprenden a leer palabras completas a través de prácticas intensas, y cada vez que entramos a un nuevo campo volvemos a ser niños otra vez. "no puede escapar de la memorización," dice. "Hay un proceso inicial de aprendizaje del nombre de las cosas. Es un estado por el que todos pasamos. Lo más importante de todo es pasarlo rápidamente." El cerebro humano es un maravilloso proceso de asociación, pero para hacer asociaciones, los datos deben ser cargados en la memoria.

Una vez que hemos abandonado la excusa de que la memorización no tiene sentido, nos quedamos con un interesante misterio. Mucho de la información permanece en nuestra memoria, aunque no podemos recuperarla. "Para este día," dice Bjork, "la mayoría de la gente piensa sobre el olvido como decaimiento, que nuestras memorias son como pies de imprenta en el arena que gradualmente se desvanecen para siempre. Pero eso ha sido desaprobado por una gran cantidad de investigaciones. La memoria parece haberse ido por que no podemos recuperarla, pero podemos probar que todavía está ahí. Por ejemplo, todavía puede reconocer un item olvidado en un grupo. Si, sin uso contínuo, las cosas se vuelven inaccesibles. Pero no se han ido."

Después que un ictiólogo llamado David Starr Jordan llegará a ser el primer presidente de la Universidad de Stanford en los años 1980, legó a los investigadores de la memoria una de sus favoritas obviedades: cada vez que aprendía el nombre de un estudiante, Jordan se quejaba que olvidaba el nombre de un pez. Pero el pez al cual había dedicado su vida de investigación estaba todavía ahí, en algún lugar debajo de la superficie de la conciencia. La dificultad estaba en atraparlas.

Durante los años en los que Wozniak trataba de dominar el inglés, Bjork y su colaboradora, Elizabeth Bjork (es también profesora de sicología; los dos están casados desde 1969), estaban trabajando en una nueva teoría del olvido. Ambos se encontraban cuesta arriba en la historia de la investigación en laboratorio de la memoria, y una de sus metas era llegar al fondo del efecto espacial. También tenían curiosidad sobre la tendencia paradójica de las memorias más viejas de convertirse en más fuertes con el paso del tiempo, mientras las más recientes se desvanecen. Su investigación envolvía un modelo elegante con profundas implicaciones en contra de la intuición.

La memoria de largo plazo, dice Bjork, puede ser caracterizada por dos componentes, a los que les llamaron fuerza de recuperación y fuerza de almacenamiento. La fuerza de recuperación mide la probabilidad de recuperar algo en este momento, cuan cerca está a la superficie de la mente. La fuerza de almacenamiento mide la profundidad a la que la memoria está enraizada. Algunas memorias pueden tener alta fuerza de almacenamiento pero baja de recuperación. Tome una vieja dirección o número telefónico. Intente pensar en él; puede sentir que se ha ido. Pero un simple recordatorio podría ser suficiente para restaurarle por meses o años. En cambio, algunas memorias tienen alta fuerza de recuperación pero baja de almacenamiento. Quizás recientemente le hayan dicho los nombre de los niños de unos nuevos conocidos. En este momento pueden ser fácilmente accesibles, pero es probable que los olvide por completo en unos pocos días, y una simple repetición de aquí a un mes no hará mucho para fortalecerles del todo.

Los Bjorks no fueron los primeros sicólogos en hacer esta distinción, pero ellos y una serie de colaboradores usaron un amplio rango de datos experimentales para mostrar como estas leyes de la memoria causan estragos en los estudiantes y profesores. Uno de los problemas es que la cantidad de fuerza de almacenamiento que gana debido a la práctica es inversamente proporcional a la actual fuerza de recuperación. En otras palabras, mientras más duro trabaje para encontrar la respuesta correcta, más sellada está la respuesta en la memoria. Precisamente esas cosas parecen ser la señal de que estamos aprendiendo bien – fácil desempeño durante los ejercicios, fluidez durante una lección, aún la sensación subjetiva de que sabemos algo – son erróneas cuando vienen para predecir si lo recordaremos en el futuro. "Los profesores más motivados e innovadores, que toman el actual desempeño como su guía, van a hacer las cosas equivocadas," dice Robert Bjork. "Es casi siniestro."

Los sistemas más populares de aprendizaje vendidos en la actualidad – por ejemplo, el software para idiomas extranjeros de Rosetta Stone – desafían ruidosamente cada una de las advertencias de los sicólogos. Con sus constantes realimentaciones y fáciles claves de acceso, Rosetta Stone crea brillantemente una sensación de progreso. "Vaya a Amazon y mire los comentarios," dice Greg Keim, director de Rosetta Stone, cuando le preguntamos que evidencia tenía de que la gente realmente recordaba lo que habían aprendido. "Ese es un objetivo que consigue en términos de la sensación de éxito del usuario." El problema aquí, desde la perspectiva de los sicólogos, es que de la sensación de éxito de los usuarios es de la que más deberíamos desconfiar.

La batalla en las técnicas probadas en laboratorio y la pedagogía convencional ha durado décadas, y es justo decir que los sicólogos perdieron. Todos esos estudios en laboratorio de la memoria humana – usando sílabas sin sentido, números aleatorios, cuadros, mapas, vocabulario extranjero, puntos dispersos – tenían tan poca influencia en la práctica actual que eventualmente su irrelevancia provocó una revuelta. A finales de los años 70, Ulric Neisser, el investigador pionero que acuñó el término sicología cognositiva, lanzó un gran ataque al enfoque de Ebbinghaus y su parentela científica.

"Hemos establecido generalizaciones empíricas firmes, pero la mayoría de ellas son tan obvias que todo niño de diez años las sabe de todas maneras," se quejó Neisser. "Tenemos un grupo de teorías intelectualmente impresionantes, pero la historia ofrece poca confianza que ofrecerán alguna visión importante en el comportamiento natural." Neisser desafió a los sicólogos para dejar a sus laboratorios y al estudio de la memoria en su estado natural, al estilo de los ecologistas. No dudó que las teorías de laboratorio estuvieran correctas en su forma limitada, pero quería resultados que tuvieran el poder para cambiar el mundo.

Muchos sicólogos siguieron a Neisser. Pero otros se clavaron en sus métodos de laboratorio. El efecto espacial fue uno de los descubrimientos de laboratorio que más orgullo generó, y fue particularmente interesante porque no era tan obvio, aún para los profesores profesionales. En el mismo año en el que Neisser hizo la revuelta, Robert Bjork, trabajando con Thomas Landauer de Bell Labs, publicó los resultados de dos experimentos que involucraron a cerca de 700 estudiantes de pregrado. Landauer y Bjork esperaban el momento óptimo para ensayar algo que podría ser más tarde recordado. Sus resultados fueron impresionantes: El mejor momento para estudiar algo es el momento en el que está a punto de olvidarlo. Y claro –como Neisser lo habría predicho– eso era inútil en el mundo real. Determinar el momento preciso del olvido es esencialmente imposible en el día a día.

Obviamente, los computadores eran la respuesta, y la idea de usarlas fue ocasionalmente sugerida, empezando los años 1960. Pero excepto por el software experimental, nada estaba construido. Los sicólogos estaban principalmente interesados en las teorías y los modelos. Los profesores estaban interesados en señales inmediatas de éxito. Los estudiantes estaban atiborrados para pasar sus exámenes. El pago para el progreso genuino era de alguna manera demasiado abstracto, demasiado demorado, a ser alimentado al sistema de una manera útil. Lo que se necesitaba no era un académico sicólogo sino un supergenio, alguien con demasiado tiempo en sus manos, un talentoso para las matemáticas, con un extraño temperamento que le permita pensar que en realidad debería recordar las cosas que ha aprendido.

El primer día que me reuní con Wozniak hicimos una caminata de 11 Km por una playa con viento. Me pidió que camine del lado alejado del agua. "La gente dice que cuando me emociono tiendo a deslizarme en su dirección, así que es mejor que yo esté cerca del mar para no empujarle," dice. Wozniak tiene casi un placer físico por la razón. Ama discutir las cosas con las personas, introducirse en sus personalidades, y aconsejarles – especialmente en inglés. Uno de sus deseos más profundos es que el mundo tenga un idioma y que no haya dinero para que se pueda manejar de forma más eficiente. Está horrorizado de que Polonia todavía no esté en la Eurozona. Está desconcertado de que los estadounidenses no usen el sistema métrico. Por dos años mantuvo un diario en esperanto. Aunque el esperanto era la expresión ideal de sus sueños universalistas, el inglés es el líder para la implementación del mundo real. Aunque nunca ha puesto un pie en un país de habla inglesa, habla el idioma fluidamente. "Las dos palabras que me daban problema eran perspicuous (lúcido) y perspicacious (perspicaz)," confesó mientras tomábamos una cerveza . "Luego encontré un mnemónico para ingresar en SuperMemo: claro/listo. Ahora nunca los uso mal."

El manejo del inglés de Wozniak es el resultado de una serie de experimentos heroicos, en la tradición de Ebbinghaus. Involucraron sesiones implacables de cuidadoso auto-análisis, registradas por años. Empezó con el clásico acertijo de demasiado que estudiar en muy poco tiempo. Su primera solución se basaba en la sabiduría popular. "Es sentido común," escribió Wozniak más tarde, "que con repeticiones sucesivas, el conocimiento debería gradualmente convertirse en más durable con requerimientos de revisiones menos frecuentes."

Esta visión ya había sido probada por Landauer y Bjork, pero Wosniak no estaba consciente de su teoría del olvido o de ningún estudio importante de los laboratorios de investigación sobre la memoria. Esta ignorancia fue probablemente una bendición, porque le forzó a depender de la ingeniería pragmática. En 1985, dividió su base de datos en tres juegos iguales y creó horarios de estudio para cada uno de ellos. Uno de los conjuntos lo estudió cada cinco días, otro cada 18 días, y el tercero en intervalos expandidos, incrementando el período entre las sesiones de estudio cada vez que obtenía las respuestas correctas.

Este experimento probó que la primera corazonada de Wozniak era demasiado simple. En ninguna de esas pruebas su recuperación mostraba una mejora significativa sobre los otros métodos que usaba normalmente. Pero no estaba desilusionado y continuaba haciendo investigaciones más elaboradas de los intervalos de estudio, cambiando el segundo intervalo a dos días, luego a cuatro días, luego a seis, y así en adelante. Luego cambió el tercer intervalo, luego el cuarto, y continuó probando y midiendo, midiendo y probando por casi una década. Su convicción de que el olvido podría ser domesticado siguiendo las reglas que le den la fortaleza intelectual para continuar buscando esas reglas. Tenazmente trazó una matriz de caminos, como un hombre que deja marcas en el bosque cuando está perdido.

Todo este trabajo inicial estaba hecho en papel. En el departamento de la ciencia de computación de la Universidad Tecnológica de Poznan, "teníamos una sola máquina de diseño polaco-ruso, con tarjetas perforadas," recuerda Wozniak. "Si lograba mantenerse en la larga cola para conseguir la perforación de sus tarjetas, tendría que esperar un par de días para que la máquina las corra, y luego las imprima."

La revolución de las computadoras personales ya era un hecho en los EEUU cuando Wozniak se organizaba para colocar sus manos en una Amstrad PC 1512, importada por medios cuasi legales desde Hamburgo, Alemania. Con ésta pudo realizar otro importante avance en SuperMemo –computando la dificultad de cualquier hecho o item de estudio y ajustando la única figura de la curva de predicción del olvido para cada item y usuario. Un amigo de Wozniak adaptó su software para correrlo en máquinas Atari, y con el acceso a las computadoras personales finalmente se difundió entre los estudiantes, así lo hizo SuperMemo.

Después del colapso del comunismo polaco, Wozniak y algunos estudiantes compañeros formaron una compañía, SuperMemo World. Por 1995, su programa fue unas de las aplicaciones más exitosas desarrollada por una compañía de un país novato en la industria del software, y estuvieron buscando financiamiento para tratar de reubicarla en Silicon Valley. En ese año, en el Comdex de Las Vegas, 200.00 personas fueron a ver la nueva tecnología de DVD de Sony, prototipos de pantallas planas, y el SuperMemo de Wozniak, que se convirtió en el primer producto polaco mostrado en la gran feria de tecnología, luego a la altura de su influencia. En Europa, el viejo experimento comunista en la optimización humana había corrido su camino. Wozniak creyó que en un mundo de competición abierta, donde los individuos son recompensados en mérito, una herramienta científica que aceleró el aprendizaje encontraría clientes en todas partes.

El socio en jefe de Wozniak en la campaña para reprogramar el enfoque mundial para el aprendizaje mediante SuperMemo era Krzysztof Biedalak, quien había sido su compañero en la Universidad de Tecnología. Los dos hombres solían correr 9,65 Km hacia un lago cercano para nadar en aguas heladas. Biedalak estaba de acuerdo con Wozniak que la natación de invierno es buena para la salud mental. Biedalak también estaba con Wozniak en la producción de extremo aprendizaje de SuperMemo. Pero Biedalak no estaba de acuerdo con Wozniak en todo. "No aplico su técnica completa," dice. "En mi contexto, su técnica es inaplicable."

Lo que Biedalak quiere decir sobre la técnica de Wozniak es la extensión del algoritmo de optimización a todas las dimensiones de la vida. Biedalak es el director de SuperMemo World, que vende las licencias del invento de Wozniak. Ahora, SuperMemo World emplea solo a 25 personas. El capital de inversión nunca llegó, y la compañía nunca se mudo a California. Se vendieron cerca de 50.000 copias de SuperMemo en el 2006, la mayoría por menos de $30. Se cree que muchas más han sido pirateadas.

"Piotr nunca saldría a promocionar el producto, a hablar con periodistas, es muy raro que acepte reunirse con alguien," dice Biedalak. "El tiene la fuerza de dirección, pero en algún momento tuve que aceptar que usted no puede comunicarse con él en forma que lo hace con otro gente."

El problema no era la timidez sino la intolerancia por el gasto ineficiente de los recursos mentales que le llevaron a la invención de SuperMemo en primer lugar. A mediados de los 90, con SuperMemo siendo más y más popular, Woznaik sintió que su habilidad para controlar racionalmente su vida la estaba perdiendo. "Habían 80 llamadas diarias por manejar. No había tiempo para aprender, sin tiempo para la programación, sin tiempo para dormir," recuerda. En 1994, desapareció por dos semanas, sin dejar información de donde estaba. El siguiente año se fue por 100 días. Cada año ha aumentado su tiempo de salida. No tiene teléfono. Ignora los correos electrónicos por meses. Y aunque posee un PhD y ha publicado en periódicos académicos, nunca ha asistido a conferencias o reuniones científicas.

En su lugar, Wozniak ha llevado a SuperMemo a las regiones inexploradas de la auto-experimentación. En 1999, empezó a llevar un registro detallado de sus horas de sueño, y ahora está trabajando en correlacionar los datos con su desempeño diario en el estudio de las repeticiones. Los sicólogos han creído por mucho tiempo que existe una correlación entre el sueño y la memoria, pero no se ha descubierto una ley matemática. Wozniak también ha inventado una manera para aplicar su sistema de aprendizaje a su ingreso de información no estructurada de libros y artículos, aventando material escrito al tipo de pedazos discretos que puedan ser memorizados, y luego programándolos para un eficiente aprendizaje. Selecciona una sección corta de los que está leyendo y lo copia a la aplicación del SuperMemo, la cual predice cuando querrá leerla otra vez y así pegarlo a su mente. Corta y pega material no leído completo en el sistema, asignándole una prioridad. SuperMemo baraja todo su conocimiento potencial en una cola y le presenta en una pantalla de estudio cuando el momento es adecuado. Wozniak puede ver un gráfico de lo tiene alineado para aprender y ajusta los rankings de prioridad si cambia sus metas.

Estas técnicas están diseñadas para superar las empinadas curvas de aprendizaje a través de pasos automatizados como escaleras en un montaña. Les llama lectura incremental, y las usa para dominar su vida intelectual. Wozniak ya no desperdicia su tiempo preocupándose de no haber conseguido algún artículo que quiere leer; una vez que está cargado al sistema, confía en su algoritmo para adjudicarlo a su consciencia en el momento apropiado.

El momento apropiado, que es, para él. Habiendo abierto su vida mental a un sistema computarizado, rehusa ser presionado por entradas y pedidos aleatorios. Naturalmente, esto puede molestar a la gente cuyos mensajes tienden a filtrarse hacia el fondo. "Después de cuatro meses," dice tristemente Biedalak, "a veces recibe una respuesta a alguna de sus oraciones en un correo electrónico que ha sido codificado en su proceso de lectura incremental."

Para Wozniak, estas fallas son menos un producto de la codificación que de un inevitable conflicto de metas. Una persona que comprende la exacta relación entre el aprendizaje y el tiempo está forzada a medir sus horas con cierto cuidado. SuperMemo era como un genio que concedía a Wozniak un deseo: poder sin precedentes para recordar. Pero el valor de lo que recordaba dependía crucialmente de lo que había estudiado, y lo que estudiaba dependía de sus metas, y la selección de sus metas descansaban en el eficiente adquisición del conocimiento, en una función regresiva que le impulsaba implacablemente a lo largo del camino que había escogido. La garantía de que no olvidaría lo que había aprendido eran ambos un regalo y una demanda, exigiéndoles a sacrificar cada cosa extraña.

Desde el lado del negocio de SuperMemo, Las prioridades de Wozniak pueden parecer a veces egoístas. Janusz Murakowski, uno de los amigos de Wozniak quien trabajó como gerente en la compañía durante su infancia, piensa que el enfoque de Wozniak en su propio aprendizaje ha atrofiado el desarrollo de su invento. "Piotr escribe el mismo este software", dice Murakowski, ahora un profesor de ingeniería eléctrica en la Universidad de Delaware. "El interfaz es casi imposible." Quizás esto es un poco injusto. SuperMemo viene en ocho sabores, algunos de los cuales fueron codificados por licencias: SuperMemo para Windows, para dispositivos Palm, para algunos teléfonos celulares, inclusive una versión de Internet. Es verdad que Wozniak no es Steve Jobs, y que su software no tiene la simpatía de un juego casual como Brain Age (Edad Cerebral) para Nintendo DS. Todavía, puede difícilmente ser descrito como el programa más difícil del planeta. Después de todo, los fotógrafos pueden aprender a producir los efectos más arcanos en Photoshop ¿Por qué no podría más gente dominar a SuperMemo?

"Nunca fue un producto de buena sensación," dice Murakowski, y aquí el puede estar más cerca del verdadero conflicto que yace en el corazón para optimizar la inteligencia, un conflicto que trasciende el diseño y toques de algunos hechos curiosos sobre la naturaleza humana. Estamos acostumbrados a la idea de que los humanos normales puedan realizar hazañas atléticas. Todos conocemos a alguien que ha corrido una maratón o atravesado el país en bicicleta. Pero conseguir ser significativamente más inteligente – parece ser diferente. Asociamos inteligencia con puro talento, y el aprendizaje académico con experiencias educacionales pasadas. Para dominar un idioma difícil, para ser experto en un campo técnico, para realizar una contribución científica en un área nueva – estas cosas parecen cosas raras. Y lo son, pero quizás no por la razón que asumimos.

La falla de SuperMemo para transformar asombrosamente el aprendizaje repite las fallas de la sicología cognositiva para influir en profesores y estudiantes. Nuestra capacidad para aprender es increíblemente grande. Pero el aprendizaje óptimo demanda una clase de control racional sobre nosotros mismos que no es tan fácil. Inclusive la demanda básica por regularidad puede ser desalentadora. Si se salta algunos días, el efecto espacial, con su marcha constante de sellar el conocimiento en la memoria, empieza a perder su fuerza. El progreso cojea. Cuando se quiere aumentar la inteligencia, nuestro cerebro está sobre la tarea y nuestra tecnología está sobre la tarea. El problema reside en nuestro temperamento.

Wozniak y yo caminamos por la playa, y me cuenta como maneja su vida. Es casado, y su esposa comparte su estilo de vida. Nadan juntos en el invierno, y aunque su idioma nativo es el polaco, se comunican en inglés, el cual aprendieron con SuperMemo. Los días de Wozniak están estructurados en períodos distintos: un período creativo, uno de lectura y uno de estudio, un período de ejercicio, un período de alimentación, un período de descanso y un segundo período de creatividad. No se levanta a una hora regular y es enemigo de los relojes con alarmas. Si la emoción sobre su investigación le lleva a trabajar en la noche, simplemente cambia a dormir en el día. Cuando se sienta para una sesión de lectura incremental, atiende a lo que sea que aparezca automáticamente en la pantalla de su computadora, parando en el instante que su mente empieza a vagar o que su comprensión disminuye y luego pasa al siguiente item de la lista. SuperMemo grafica una distribución de prioridades que puede ajustar sobre la marcha. Cuando encuentra un pasaje que piensa que necesitará recordar, lo marca; luego ingresa en el patrón de repetición espaciada, y la información que contiene permanecerá en su cerebro de manera indefinida.

"Una vez que consigue los pedazos que necesita," dice Wozniak, "sus libros desaparecen. Gradualmente se evaporan. Han sido traducidos en conocimiento."

Como fanático de la ciencia ficción, siempre había asumido que cuando los computadores suplanten nuestra inteligencia, sería debido a que habríamos pasado algo de nuestra memoria a ellos. Preguntaríamos, y nuestras máquinas nos darían respuestas oraculares – o supremamente prácticas. Wozniak ha descubierto una ruta diferente. Cuando confía su vida mental a una máquina, no es para arrojar la carga del pensamiento sino para hacer su mente más rápida. El conocimiento más extremo no es algo para lo que programa una computadora sino que la computadora es la que le programa a él.

Le dije a Wozniak que no soy optimista sobre mi habilidad para domar mis viejos hábitos de lectura en el nombre del conocimiento óptimo. Los libros, para mi, no son simples fuentes de información que deseo cargar en mi memoria si no compañeros subjetivos, casi gente sustituta, y no veo porqué debería mantenerlos en fragmentos. Sin embargo, le dije que quería probar.

¿Así que cree en intentar las cosas por usted mismo? pregunta.

"Si."

Esto proveyó su entrada. "En ese caso, vamos a nadar."

A la orilla del mar, me da miedo. Soy un nadador fuerte, pero hay algo sobre estar en la playa en un minúsculo traje de baño, y mirar a la gente en sus tradicionales vestidos, eso tiene un sabor a peligro.

"Soy feliz con la anticipación," dice Wozniak.

"¿Tendré un ataque cardíaco?"

"Existe menos riesgo que manejar," contesta.

Me doy cuenta que debe tener razón. Polonia tiene pocas autopistas. Wozniak presta especial atención a las estimaciones cualitativas de los riesgos fatales. Mediante la graficación del conocimiento en SuperMemo, ha descubierto que en una sola vida uno puede adquirir algunos millones de items nuevos. Este es el límite absoluto en el logro intelectual definido por la muerte. Así que cuida su salud. Rara vez va en auto. Los alemanes que están en la playa me están mirando. Me sumerjo.

El filósofo Wiilliam James una vez escribió que la vida mental está controlada por los anuncios. Saliendo del mar hacia la playa ventosa, mi piel púrpura y mi mente en una meditación provocada por el shock, me encontraba pensando en la lista de verificación que Wozniak escribió hace algunos años describiendo como llegar a ser un genio. Su consejo fue honesto pero extrañamente terrible: debe aclarar sus metas, ganar conocimiento a través de las repeticiones, preservar la salud, trabajar constantemente, minimizar el estrés, rehuir a la interrupción, y nunca resistirse a dormir cuando está cansado. Esto le debería llevar a mejorar su inteligencia y creatividad. El único costo: darle la espalda a cada convención de la vida social ... Wozniak encontró la manera para condicionar su temperamento con su memoria. Está haciendo el futuro notable. Está intentando no solamente aprender muchas cosas sino abrigando el proceso de aprendizaje mismo con un bosquejo de éxtasis utópico.

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