12 de enero de 2009

Porqué la detección temprana es la mejor manera para vencer al cáncer (2/7)

El Instituto Nacional de Cáncer de EEUU gasta apenas el 8 por ciento

de sus fondos para investigación para la detección temprana.

Foto Ilustración:  Mauricio Alejo & Burkhard Schittny/WIRED



El cáncer, en otras palabras, tiene un problema de percepción.  Nos falta la capacidad de ver lo que sucede dentro de nuestro cuerpo, de mirar fijamente a través de nuestra demasiado sólida carne y recoger información a un nivel molecular.  Las tecnologías médicas convencionales –exámenes de sangre, rayos-x, MRIs– pueden servir como sustitutas aproximadas, pero la imagen que ofrecen es con frecuencia incompleta y obscura.  Sin un camino para identificar de manera temprana a la enfermedad, para detectar las primeras chispas, la medicina continuará siendo el último refugio.


Pero las nuevas tecnologías para la detección temprana del cáncer están ahora a la mano.  Los investigadores están refinando las pruebas sofisticadas de proteínas que pueden tomar susurros moleculares del torrente sanguíneo y se están probando técnicas de presentación de imágenes de próxima generación que puedan identificar y aislar a un tumor dentro del cuerpo.  Estas tecnologías construidas en métodos de proyección ya han probado revelar al cáncer – Papanicolau (cuello del útero),  la prueba de sangre de anticuerpos (próstata), la mamografía (seno)– pero van más lejos y más profundo para que inclusive los tipos de cáncer más obstinadamente cubiertos puedan volverse visibles.


Este nuevo enfoque trata al diagnóstico como un algoritmo, una secuencia de cálculos que pueda detectar o predecir el cáncer años antes que le traicione los síntomas.  Inicia con una proyección estadística para identificar a la gente, como Rosenthal, que tienen un mayor riesgo genético para la enfermedad.  Le sigue un examen regular de sangre , uno con anticuerpos para buscar proteínas reveladoras, o bioindicadores, correlacionados con tipos específicos de cáncer.  Un resultado específico muestra una prueba de imágenes para mostrar positivos falsos o aislar un tumor.  El proceso es metódico, matemático y mucho más seguro para descubrir el cáncer que los actuales procedimientos de diagnóstico.


Este es el potencial de la detección temprana:  usar datos en lugar de medicinas, para revelar el cáncer antes que él se revele a sí mismo y dejar los milagros para los pacientes que realmente los necesitan.


Don Listwn aprendió sobre la relación 90/10 después que su madre, Grace, fue diagnosticada con cáncer en el 2000.  Los médicos le diagnosticaron –dos veces– con una infección de la vesícula y le prescribieron antibióticos.  No es una sorpresa que el tratamiento no funcionó.  Hasta que su médico estableciera que tenía cáncer de ovario, ella estaba en fase IV y a doce meses de su muerte.


Listwin, alguna vez el aparente heredero del CEO de Cisco Systems John Chambers, dijo que su primer impulso fue demandar al médico, al hospital y a cualquiera que el le veía culpable.  "Pensaba que su incompetencia había matado a mi madre", dice ahora.  "Pero luego empecé a mirar a esta relación del 90 por ciento y de este 10 por ciento, y me di cuenta que si hubiera estado en la zona de 90, mi madre estaría viva".  Un ingeniero eléctrico por entrenamiento,  Listwin empezó a realizar preguntas.  ¿Porqué los sobrevivientes disminuyen tan abruptamente?  ¿Qué es lo que pasa en los estados terminales de cáncer que los hace tan mortales?  Y lo más obvio,  ¿porqué no podemos detectar el cáncer asesino más temprano?  "Esto se parece más a un problema de ingeniería de sistemas emergentes, un problema de sistemas de biología", dice.  "Y se veía como una oportunidad para las soluciones de ingeniería".


Listwin, quien dice que estuvo en Cisco durante "los 10 años correctos", dejó la compañía en el 2000 a la edad de 41 años con 100 millones de dólares en su cuenta.  Típicamente, la gente como Listwin –rica, filantrópica y tocada por el implacable cáncer– se suben al carro de la cura.  Pero después de mirar los números, Listwin estaba sumergido en el problema de la detección temprana.  En el 2004, creó la Canary Foundation, un grupo de investigación cuya única meta es conseguir una batería de pruebas de proyección para los pacientes y sus médicos para el 2015, empezando con el cáncer de ovario y moviéndose al pancreático, pulmón y próstata.  Listwin le gusta explicar el enfoque de Canary con PowerPoint, y en cada presentación empieza con una diapositiva de la curva de supervivencia del cáncer.  Apuntando al 90 por ciento, hace esta simple observación: cuando vemos temprano al cáncer, tenemos una oportunidad para pelearlo.


De hecho, mucho del escaso crecimiento en las tasas de supervivencia del cáncer de los últimos 30 años pueden ser atribuidos no a las nuevas quimioterapias o tratamientos sino a la detección temprana.  Las muertes por el cáncer a la piel, que es el más obvio de diagnosticar y tratar, se han reducido en un 10 por ciento.  Desde el Papanicolau –una muestra simple del cuello del útero para las células precancerosas y cancerosas– se  ha convertido en parte de una rutina en los EEUU en los años 1950, la incidencia de cáncer y las tasas de mortalidad debido al cáncer de cuello uterino han disminuido en un 67 por ciento.  Las tasas de supervivencia de cinco años para el cáncer de seno , asimismo mejoraron a medida que las mamografías y las proyecciones MRI se han incrementado.  Existen pruebas para estas enfermedades no porque sean biológicamente diferentes de otros tipos de cáncer sino porque ocurren en partes accesibles del cuerpo.  No es difícil ni costoso ni peligroso obtener una muestra del cuello del útero o realizarse una mamografía.  Otras áreas del cuerpo, sin embargo –los pulmones, el páncreas– son menos accesibles y más difíciles de controlar.  En consecuencia, sus tumores malignos son de lejos más mortales.


A pesar de este modelo probado, la detección temprana es una ocurrencia tardía en la investigación del cáncer.  La industria farmacéutica gasta cerca de 8 mil millones de dólares en la investigación del cáncer, de acuerdo a la International Union Against Cancer, la mayoría de esto está orientado al desarrollo de medicinas y a los tratamientos en estados tardíos.  La mayoría de las fundaciones gastan profusamente en investigaciones basadas en la cura:  la Susan G. Komen Breast Cancer Foundation gastó 180 millones en curas en el 2007; la Michael Millken Prostate Cancer Foundation gasta anualmente 14 millones en la búsqueda de la cura del cáncer de próstata; el National Cancer Institute gastó 8 por ciento de su presupuesto del 2007, menos de 400 millones, en la investigación de detección y diagnosis.  Comparadas con estas sumas, el presupuesto anual de 5 millones de Canary escasamente se registra.  Pero Canary se destaca en la comunidad de investigación del cáncer debido a su enfoque en una detección temprana en lugar del tratamiento. 


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