15 de enero de 2009

La maratón podría ser la respuesta a su problema existencial


Por: Valdemar Sánchez


Un compañero de colegio, buen amigo en 1967 cuarto curso, ingresó en el seminario mayor para convertirse en Hermano cristiano de la Salle.  Tal parace que el llamado divino le duró un año porque luego supe que había emigrado a EEUU y vivía en los parques de New York y los Angeles con los grupos de Happy Hippies con la filosofía de paz, amor y drogas.

Vaya sorpresa y mundo pequeño, me lo tope en el año 1977, en Quantico Virginia Base de los Marines.  Cansado de su vida de bohemio había ingresado a la Infanteria de Marina y realizado el durísimo entrenamiento básico y de infantry y el especial de "Recon", reconocimiento que emplea tácticas especiales similares a la de las fuerzas especiales.  Había pasado en el 70 por el infierno de Vietnam, matado a algunos, ver morir a muchos y por milagro salir con vida.

Cansado de haber visto esa inimaginable atrocidad e infierno y en búsqueda más que nunca de la problemática existencial (what the fuck was I born for?) se unió a un grupo que viajó a la India para practicar el Karma Yoga a base de la acción, practicar siempre el bien y el desprendimiento total.  Me contaron que lo vieron vestido de monje pelado con un pony tail y tocando un tambor al ritmo de Hare Krisna - Krisna Hare; parecía que había encontrado la respuesta que buscaba.

Perdí el rastro de él durante los 80s; luego se rumoraba que había tenido una fuerte crisis de depresión acompañada de uno o dos intentos de suicidio y que permanecía asilado en un hospital para veteranos de guerra especialmente de Vietnam.

En el 86, en la Base de Fort Bragg de Fuerzas Especiales en Carolina del Norte, por coincidencias de la vida o rarezas del destino, mientras me encontraba en entrenamientos especiales de Boinas Verdes, en un fin de semana que participaba en una maratón, me topé con una figura familiar, ¿adivinen quien ? ... acertaron, era mi amigo de colegio protagonista de esta historia que estaba participando en la misma maratón.


Se encontraba con estabilidad familiar, apacible, tranquilo, en paz con el mundo, pero más en paz consigo mismo.  Le pregunté que finalmente que religión o filosofía de vida mantenía; el simplemente me respondió "ahora soy maratonista y espero mantenerme así por mucho tiempo".
 
A Dios gracias por él,  tal parece que en este jodido, complicado, conflictivo y doloroso proceso de evolución del ser humano y alcanzar la madurez emocional suficiente como para estar en paz y ser felices, mi amigo había encontrado finalmente en la MARATÓN una formidable herramienta o forma de vida o camino, o como quiera llamarse, para ayudarle a dar solución a su problemática existencial. Indudablemente también con la ayuda y confianza en Dios.

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